• Efren Osorio Jara

Plebiscito en Chile, ¿Quién dijo que todo está perdido?

Actualizado: 27 oct

Cuando todas las encuestas, incluso las del gobierno, indican que la intención de voto del Rechazo estaría superando al Apruebo, es decir que la propuesta de nueva constitución estaría siendo rechazada, vale la pena preguntarse: ¿cómo llegamos a esto?, si hace tan solo tres años atrás, para el llamado estallido social, eran millones de personas en las calles protestando; o cuando en octubre del 2020 para el plebiscito de entrada, un rotundo 80% de chilenos rechazó seguir con la constitución de Pinochet y aprobó redactar una nueva constitución; o más recientemente, cuando en mayo del año pasado, para la elección de convencionales, las listas de independientes, movimientos sociales y de izquierdas le propinaron una derrota histórica a la derecha que obtuvo solo un 20% de los votos, su peor resultado desde el regreso de la democracia!

La respuesta simplona es echarles la culpa a las mentiras de la prensa, digo simplona ya que estos medios han mentido y manipulado desde siempre y lo seguirán haciendo mientras existan. Pero, ¿por qué las tradicionales manipulaciones de estos medios fracasaron estrepitosamente para el estallido, el plebiscito de entrada y para la elección de convencionales? ¿por qué ahora les ha dado resultados?


Un diagnóstico equivocado puede llevar a un desastre

“¿Cómo es que cambió tanto este país en tan solo tres años?” se preguntaba un amigo luego de un volanteo en una feria en que los insultos a la clase política, al gobierno de Boric y al Apruebo no fueron pocos, pero ¿tanto cambió este país?... Un año de estallido, dos años de pandemia, un cambio de gobierno, una guerra en el corazón de Europa y una crisis económica son argumentos poderosos para pensarlo, pero ¿logran explicarlo todo?

Quizás sea bueno cuestionarse la representación simbólica que algunas izquierdas hicieron del desborde social de octubre y las cuentas alegres que otros tantos sacaron del 80-20%, me explico: Luego de 30 años de una transición pactada con un modelo neoliberal marginador y lleno de corrupción, muchos quisieron ver el desborde social de octubre como un momento, sino revolucionario al menos pre revolucionario. Cual mesías cantado por los profetas y esperado durante décadas por los creyentes, ese octubre fue romantizado por algunos como un momento estelar del movimiento social que cobraba vida, en donde los territorios asumían el protagonismo y la llamada primera línea era la vanguardia heroica que abría la senda hacia un nuevo mundo que estaba a la vuelta de la esquina. Por cierto que esa romantización incluía cerrar los ojos a los saqueos e incendios liderados por el lumpen o ingenuamente olvidar que los servicios de seguridad suelen infiltrarse para azuzar la violencia y desmanes, elementos muy funcionales para el descrédito de un movimiento que mayoritariamente actuaba de manera pacífica.

No estoy minimizando o quitándole la gran importancia que tiene el estallido del octubre, solo digo que es necesario caracterizarlo bien. Ese octubre fue un desborde de una inusitada energía social, un momento histórico extraordinario, un punto de inflexión que marca la política chilena hasta el día de hoy y lo seguirá haciendo por un buen tiempo más, pero que haya sido un momento extraordinario e incidente no significa necesariamente que haya sido un fenómeno pre revolucionario. El octubre del 2019 fue mayoritariamente un reclamo, una gran catarsis de un enojo colectivo protagonizado por muchos que se sintieron marginados de una fiesta de 30 años, fiesta de unos pocos privilegiados y a la cual una gran mayoría también quería o quiere asistir, algo muy distinto y alejado de entender que es necesario cambiar de fiesta, condición previa de cualquier fenómeno social capaz de hacer transformaciones verdaderamente profundas.

En definitiva, estoy diciendo que muchas izquierdas se equivocaron al caracterizar el 19 de octubre como un fenómeno pre revolucionario sin entender que la indignación expresada en las calles era muy heterogénea y lo que tenía en común era la gran bronca en contra de la exclusión, pero no necesariamente en contra del modelo excluyente. Tal error también se arrastraría a la interpretación de los exitosos resultados obtenido por la Lista del Pueblo en la elección de convencionales, los que se leyeron como una reafirmación de que las grandes mayorías querían cambios radicales, esquivando la lectura de que tal votación fue nuevamente una forma de expresar la bronca en contra de la clase política y sus privilegios, pero alejado de ser una señal de cambio de modelo, tal como lo confirman los estudios posteriores que demuestran que una parte significativa de los votantes de la Lista del Pueblo fueron electores que posteriormente votarían por el candidato Parisi para la elección presidencial, un candidato muy alejado de las transformaciones y cambios de modelo.

Todas estas lecturas equivocadas llevaron a que muchos se comportaran como si la derecha estaba derrotada y sin poder, que unos cuantos convencionales se creyeran “los subcomandantes” del estallido, mientras otros, unos pocos hay que remarcarlo, se dieron gustitos personales que serían amplificados mañosamente por los medios de comunicación hegemónicos. Seis meses después de la elección de convencionales en donde la derecha obtiene su peor votación de la historia, se encenderían las primeras señalas de alerta: Kast, el candidato de la ultraderecha obtendría la primera mayoría en las elecciones presidenciales mientras que en las parlamentarias, la derecha obtendría la mitad del parlamento, incluyendo 15 diputados de la ultraderecha!!


Una Vulgar y Estúpida Mentira

Una de las características del estallido fue la ausencia de liderazgos. La bronca en contra de lo institucional era muy grande e incluía no solo a los partidos políticos sino también a la dirigencia social y sindical tradicional, prueba de ello es que poco antes del estallido, importantes y legitimados dirigentes sociales constituyeron la llamada mesa de Unidad Social, el único referente que logró cierto liderazgo nacional para el estallido, de hecho fueron quiénes convocaron al Paro Nacional con gran respuesta del mundo social. No obstante esto, para la elección de los convencionales, todos los dirigentes de Unidad Social fueron derrotados por desconocidos candidatos de la Lista del Pueblo, articulación de independientes de izquierdas que lograría más de 800.000 votos y la elección de 26 convencionales, constituyéndose en los triunfadores de tal elección. Este épico triunfo permitió que la Lista del Pueblo intentara llenar el vacío de liderazgos que venía desde el estallido mostrándose y actuando como si fueran los representantes del estallido, confrontando fuertemente con la institucionalidad, incluyendo a los partidos de la izquierda tradicional o del Frente Amplio. La prensa hegemónica, en una estrategia ya conocida, comenzó a “bombearlos”, “inflando” a varios convencionales y dirigentes de la Lista del Pueblo, algunos de ellos cayeron en la trampa y comenzaron a hablar como si fueran los “subcomandantes del estallido”, rápidamente comenzaron a disputarse vocerías y protagonismos, a la par que comenzó un proceso de implosión producto de las renuncias que se fueron generando. Su conflicto final fue el intento por levantar una candidatura presidencial lo que provocó lamentables peleas públicas, situación que aprovechó la prensa para iniciar la segunda fase de su conocida estrategia, es decir, “pinchar el globo”, amplificando sucesivas escenas de peleas internas para luego hacer el reventón final del globo previamente inflado: El “Pelao” Vade, uno de los más grandes íconos de la Lista del Pueblo, apareció en un pasquín de derecha confesando que nunca había tenido cáncer, ni menos quimioterapia y que su “heroica” figura de enfermo oncológico no era más que una “vulgar y estúpida mentira”.

Fue un golpe letal para todos aquellos que aún pensaban que la supuesta revolución iniciada en octubre solo había sido postergada por la pandemia y recién ahí se dieron cuenta que en Chile no existe La Candona. Las esquirlas de este reventón alcanzarían a toda la convención, a lo que se sumarían varias desafortunadas declaraciones de convencionales de otras listas y así, entre sahumerios, corpóreos, duchas y otras hierbas similares, la prensa de derecha fue demoliendo la imagen pública de la convención, mostrando todo lo malo y ocultando el gran trabajo que la mayoría de los convencionales habían realizado.


Es tan corto el amor y tan… fuerte la derecha.

A la par que el proceso de degradación de la Lista del Pueblo se iba produciendo, el vacío de liderazgo fue siendo ocupado por la candidatura presidencial de Gabriel Boric. Su inesperada victoria frente al candidato comunista Daniel Jadue que corría como favorito y su épico triunfo en segunda vuelta derrotando no solo a JAK, sino a la pesadilla colectiva que significaba el eventual regreso del pinochetismo a La Moneda, fueron transformando a Gabriel Boric en el símbolo de la nueva política que tantos anhelaban desde el estallido.

Un joven barbón de 35 años, sin corbata, nacido en la región más austral del país, acompañado de potentes liderazgos femeninos como Camila Vallejo e Izkia Siches, fueron elementos perfectos para que las grandes mayorías, cansadas de la exclusión, transformaran a Boric en el símbolo de la nueva política y del término de los abusos y privilegios. Los meses de verano que vendrían luego de la segunda vuelta y antes de asumir la presidencia, fueron realmente notables. Su cercanía con la gente y sus imprevistas apariciones públicas rompiendo los protocolos, lo fueron transformando prácticamente en un rockstar. La nominación de su gabinete, mayoritariamente femenino, con presencia de la diversidad sexual y muchos ministros provenientes de regiones y de colegios públicos, fue quizás el momento cúlmine en este súbito enamoramiento entre un país deseoso de un nuevo trato y un joven presidente que se mostraba genuinamente construyendo, desde el poder, una relación distinta con la gente común y corriente.

Lamentablemente al cuarto día de su mandato, la ministra del interior intenta visitar la comunidad mapuche de Temucuicui, la zona más compleja del Wallmapu, siendo recibida a balazos y obligada a devolverse junto con su comitiva de seguridad. Este lamentable paso en falso, en un tema tan simbólico como es el tema de las reivindicaciones mapuche, fue aprovechado por la derecha para iniciar un sostenido e implacable proceso de erosión de la figura presidencial y su gabinete, festinando y amplificando una seguidilla de desaciertos comunicacionales de distintos personeros de gobierno.

Pero el 18 de abril, es decir, a solo cinco semanas de haber asumido al gobierno, se produce un segundo hecho de suma importancia: el parlamento, en acuerdo con el gobierno, rechazó el quinto retiro de fondos previsionales generando gran decepción, frustración y enojo en la opinión pública. Efectivamente, en plena pandemia y luego del estallido de octubre, los retiros de fondos previsionales se habían transformado para gran parte de la clase media y sectores populares en la única tabla de salvación para sobrellevar la crisis económica. En todos estos retiros, todas las bancadas parlamentarias de las izquierdas votaron favorablemente, entonces gran parte de los sectores medios precarizados y también los sectores populares, no lograron entender que este nuevo gobierno, que representaba una nueva forma de gobernar, utilizara los mismos argumentos que antes usaba la derecha para rechazarlo. No importaron los argumentos verdaderos y reales de que el Chile de abril del 2022 era muy distinto al Chile de la pandemia, que la ocupación laboral estaba en franca recuperación y que la inflación estaba desatada llegando a los dos dígitos. Nada importó, fue el fin de un romance de verano, intenso, pero demasiado breve. Los argumentos técnicos y económicos del gobierno para rechazar el quinto retiro eran los correctos, pero el enamoramiento no es un estado racional sino fuertemente emotivo y necesita de un proyecto querido y compartido para sobrevivir la vida prosaica, tal como lo hizo Allende con el programa de la Unidad Popular. Y ahí estuvo el error de la coalición de gobierno, quizás no había más alternativa responsable que rechazar el 5to retiro, pero se debió haber buscado una alternativa más allá de la simple negativa tecnocrática pues los proyectos colectivos de transformación requieren mucho más que fríos índices macroeconómicos para sobrevivir.

Después de todos estos episodios, tanto de la convención como del nuevo gobierno, y fundamentalmente después de las desilusiones, con bases verídicas o no, lo cierto es que en los meses siguientes, las mentiras y manipulaciones de la derecha fueron escuchadas y creídas sin filtro alguno por gran parte de la opinión pública, tal como escucha el oído del amante traicionad@, es decir, sin importar si es verdad o mentira pues lo único que se quiere hacer es comprobar el engaño. Entonces la grave crisis migratoria, el explosivo aumento del crimen organizado y los atentados incendiarios en el wallmapu, muy reales pero que son herencias de 30 años de gobiernos duopólicos, fueron percibidos como de responsabilidad de un gobierno que ni siquiera cumplía los seis meses! Pero la derecha no solo utilizó su poder de los medios de comunicación sino también su poderosa bancada parlamentaria que domina la mitad de la cámara de diputados y la mayoría del senado, y a esta despiadada campaña, también se sumarían importantes sectores de la ex concertación, la otra derecha, pues había llegado el momento de la revancha en contra de ese grupo de jóvenes insolentes que les había arrebatado el gobierno y que, peor aún, a través de la Convención Constitucional amenazaba con hacer irrecuperable los privilegios adquiridos mañosamente los últimos 30 años.


¿Quién dijo que todo está perdido?

Cuando el lunes antes pasado el gobierno instaló un kiosko en plena Plaza de la Constitución para repartir la propuesta de nueva constitución, nadie imaginó que durante todos los días habría una interminable fila de personas. En ese emblemático lugar, entre la fachada del Palacio de La Moneda y la mirada atenta de la estatua de un Salvador Allende que camina altivo y orgulloso, cientos de personas, en una verdadera peregrinación, esperan pacientemente su turno para obtener sus dos ejemplares gratuitos de la constitución. Meses atrás, apenas estuvo terminado el primer borrador de constitución, las imprentas clandestinas fueron las primeras en percibir la demanda que vendría y cientos de vendedores ilegales comenzaron a vender en la calle ejemplares pirateados de la nueva constitución. Una vez que salió el texto definitivo, ediciones LOM rápidamente sacó a la venta una primera edición que se agotaría en menos de un día, fenómeno que se repetiría para las ocho ediciones que se sucederían una tras otras. Así, durante las últimas seis semanas, la constitución 2022 se convertiría en el libro más vendido según todos los rankings semanales que se difunden en nuestro país, incluyendo el ranking del ultraderechista periódico El Mercurio. Es decir, un verdadero Best Seller en un país con fama de poetas, pero con muy poco hábito de lectura.

¿cómo explicar este fenómeno? Durante todo el año de trabajo los convencionales lograron lo que muchos nunca esperaron: fueron capaces de ponerse de acuerdo en un reglamento de funcionamiento y posteriormente acordaron los 388 artículos de la nueva constitución, logrando superar el alto quorum de dos tercios que se exigía para aprobar cada uno de ellos. Para lo cual los convencionales debieron trabajar jornadas diarias de más de doce horas, los siete días de la semana. Y mientras los convencionales realizaban este extenuante trabajo, la derecha se encargaba de mostrar los errores y los horrores de unos pocos convencionales, un puñado de convencionales quiénes, entre un afán de figuración y un infantilismo de izquierda, entregaron material suficiente para que la prensa eclipsara el gran trabajo realizado por la mayoría de convencionales. Fue un proceso constante y sostenido de deslegitimación, pero mientras más subía la intención de voto hacia el rechazo, más se sobregiraba la derecha en su campaña de mentiras. Inventaron que la nueva Constitución cambiaría la bandera y el himno nacional, que se permitiría el aborto hasta los 9 meses de gestación, que los padres no podrían heredar las casas a sus hijos, que se eliminaría la educación y la salud privada, etc. etc.

Paro tal como dice el dicho: “Puedes engañar a todos durante algún tiempo. Puedes engañar a algunos todo el tiempo, pero no podrás engañar a todo el mundo todo el tiempo”. Entonces, cuando comenzó a circular el texto definitivo de la nueva constitución, la gente se fue dando cuenta de los engaños sembrados por la derecha. Poco a poco se fue conociendo que la nueva constitución instala un Estado social y democrático de derechos y reconoce la plurinacionalidad de nuestro país, pero manteniendo la unidad territorial y un estado común. Mandata la protección y garantía de los derechos humanos individuales y colectivos, garantiza los derechos a la educación, la salud y la vivienda digna y el trabajo decente. Se instala la Defensoría del Pueblo, de la Naturaleza y se reconoce la democracia participativa, instalando mecanismos de democracia directa. Reconoce el derecho a decidir sobre el propio cuerpo y a una vida libre de violencia. Asegura a todas las personas la igualdad sustantiva, con respeto a la diversidad y la inclusión social. También asegura la soberanía alimentaria y el comercio justo. Establece la paridad de género en todas las instituciones del estado, garantiza los derechos de la naturaleza, reconoce a los animales como seres sintientes y propone enfrentar el cambio climático. En resumen, la nueva Constitución recoge y sintetiza las décadas de lucha de los trabajadores, de los movimientos y partidos de izquierdas y progresistas, pero también recoge las demandas emergentes de las nuevas generaciones del Siglo XXI como son el respeto a los animales y la naturaleza, la gravedad del cambio climático y la valoración de la diversidad y dignidad de todos los seres humanos. La Nueva Constitución es un texto inédito en la historia de los movimientos sociales y sin lugar a dudas, se convertirá en un material de referencia constitucional para los movimientos sociales, no solo de Chile sino de todo el mundo.

Entonces, en la medida que comenzó a conocerse el gran trabajo realizado por la Convención, lo noble y avanzado de su texto, el Rechazo parece haber tocado techo mientras que el Apruebo ha comenzado un lento pero sostenido crecimiento. ¿Se alcanzará a remontar la diferencia de votos en los dos semanas que quedan antes de las votaciones?, no es fácil hacer un pronóstico, pero lo que sí está claro, que un hipotético triunfo del rechazo sería un frenazo histórico, una verdadera tragedia al proceso social que harían retroceder 50 años de luchas y conquistas sociales, gatillando un explosivo crecimiento de un neofascismo que se sentiría envalentonado para salir a las calles con su actitud matonezca, en contra de todo aquello que huela a izquierda, feminismo, diversidad sexual, indigenismo, inclusión o progresismo. Por el contrario, un triunfo del Apruebo significaría consolidar un salto cualitativo en las conquistas sociales, terminando una tediosa transición que ha servido de escondite para la corrupción y abusos, abriendo un futuro lleno de posibilidades para seguir profundizando en un proyecto de transformaciones estructurales que tanta falta le hace a nuestro país y, por qué no decirlo, al planeta entero.

Años atrás el gran Fito Páez cantaba, “¿Quién dijo que todo está perdido?... Yo vengo a entregar mi corazón..”, así tal cual, necesitamos sintonizar con los millones de corazones de la buena gente, de esa bella gente de corazón limpio que solo quiere construir, pacíficamente y sin violencia, un Chile más humano, inclusivo y justo.

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